Ad astra per Áspera – Las Sondas Voyager y los murmullos de la Tierra

Sofía López

Imaginar si hay vida extraterrestre es una pregunta que nos deja con más interrogantes que respuestas. Aunque una de las más importantes sería ¿Cómo presentarnos?

¿Cuál es el equivalente a un apretón de manos interestelar? La respuesta que Carl Sagan y un grupo de científicos plantearon fue inesperada, pero cautivadora. El disco dorado de las Sondas Voyager.

Pero primero, vamos a ubicarnos. Estamos en el año 1977, y en agosto, se lanzan las dos Sondas Voyager. Entre 1979 y 1986 estas sondas explorarían el Sistema Solar exterior y nos traerían imágenes de paisajes y lugares que nunca habíamos observado.

La misión tenía una duración inicial de 5 años, pero en 2013 (¡36 años después!) la Voyager 1 se convirtió en el primer objeto creado por el ser humano en alcanzar el espacio interestelar y la Voyager 2 salió del Sistema Solar el 10 de diciembre de 2018 (¡41 años después!).

Sorprendentemente, el viaje solo acababa de comenzar. Aunque la misión de las Voyager era estudiar y conocer más sobre el sistema solar, acabarían alejándose hasta donde ningún ser humano había llegado jamás, por lo que Sagan y demás científicos querían incluir en estas sondas, como ya se había hecho con las Pioneer, algo más…

Sabiendo que estas sondas vagarían por la galaxia durante siglos, y probablemente milenios, existía la posibilidad (poco probable, pero no por ello imposible) de que alguien topase con ellas. Por lo tanto, era irrefutablemente lógico que llevasen un saludo, una carta de presentación de la Tierra con ellas.

Las sondas Pioneer viajaron acompañadas de una placa de aluminio anodizado en oro con una serie de elementos grabados. Como con todas las cosas, aprendemos por ensayo y error, y la placa de las Pioneer no fue excepción. Rodeadas de controversia sobre si servían para delatarnos y dejarnos indefensos ante posibles “atacantes” provenientes del espacio profundo, si le sumamos las siluetas de dos seres humanos desnudos, el debate estaba servido. Aquí tenéis una imagen donde se desglosa su contenido.

Así, las Voyager presentaban una oportunidad para mejorar nuestro saludo a los habitantes de las estrellas, como si tratásemos de enmendar un apretón de manos intenso e inesperado. Pero ¿Cómo resumir a la humanidad, con todos sus matices, luces y sombras, en un mensaje sencillo y eficiente?

Tras multitud de reuniones y debates (de los cuales podéis averiguar mucho más en el libro que Sagan escribió junto al comité encargado, llamado «Murmullos de la Tierra: El mensaje interestelar del Voyager») – se decidió que el saludo contendría sonidos e imágenes, indispensables para presentar la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra.

¿Qué sentido tendría una presentación donde no puedes ver a quien te está saludando?

Así que tendría que ser un disco. Si eres un cerebro de la NASA, el resto es fácil. Para empezar el disco tiene la misma apariencia que cualquier vinilo, salvando el color dorado por el aluminio galvanizado. Encima tendría una muestra ultrapura del isótopo de uranio-238, el cual tiene una vida media de 4.468 millones de años. Teniendo en cuenta que el planeta más cercano para la Voyager 1 está a unos 40.000 años, no es para nada una locura pensar que se podría utilizar el uranio para datar el disco.

Ahora bien, ¿Cómo conseguir que lo reprodujesen? Pues bien, el disco se colocó en una especie de estuche protector que incluía la aguja necesaria para reproducirlo, ¡recordad que es un vinilo y que estamos en la década de 1970! En la cubierta del disco, encontramos toda la información para acceder a su contenido. Inicialmente, nos parece indescifrable, pero si perteneciésemos a una civilización tan avanzada como la nuestra, podríamos leerlo sin demasiadas dificultades.

De izquierda a derecha, vemos al disco con la aguja. Alrededor encontramos codificada en binario la velocidad de rotación del disco para que suene, y en el dibujo inferior vemos lo mismo, pero de lado y en binario encontramos la duración total de la cara grabada, una hora. Encontramos también un diagrama que posiciona a nuestro Sol utilizando 14 púlsares, y en binario, la frecuencia de los pulsos. Si continuamos, encontramos dos diagramas, el primero representa la forma de onda de las imágenes de la grabación (las fotos) y en el segundo se muestra el desencadenado de la onda. Más abajo vemos una representación de los estados más bajos del átomo de hidrógeno, ya sabemos que es el elemento químico más abundante del universo (casi el 75 % de la materia visible).

Los rectángulos representan la imagen que veremos una vez consigamos poner el disco en marcha, primero la dirección del barrido y luego la primera imagen, que contiene un círculo. Si llegamos hasta el círculo, ¡podemos acceder al contenido del disco dorado!

Lo primero que nos vamos a encontrar, efectivamente ¡son saludos!

Empezando por el inglés, seguirán 56 idiomas, incluyendo 4 dialectos chinos, 12 idiomas del sur de Asia, 5 idiomas antiguos y Henge. Después de los saludos, vienen sonidos de la Tierra como terremotos, rayos, animales, risas, el latido de un corazón, fuego o el despegue del Saturno V, entre otros muchos. Encontramos también música, con multitud de ejemplos, entre otros de Chuck Berry, Mozart, Bach.
La selección de imágenes que se incluyó, tan solo se puede comprender observándolas. Desde las imágenes más tiernas y familiares, hasta las que presentan nuestra tecnología y avances, nuestros habitantes, piezas de nuestro sistema solar. Imágenes que cautivarían a cualquier espectador.

Y para terminar, encontramos un archivo de una hora con las ondas cerebrales de Ann Druyan, quien acabaría siendo la esposa de Carl Sagan. Ann describió el pensamiento que había mantenido durante la grabación con las siguientes palabras.

“Empecé pensando en la historia de la Tierra […] Intenté reflexionar sobre la organización social humana. Pensé en la situación en que se encontraba nuestra civilización […] Hacia el final me permití una manifestación personal sobre lo que significaba enamorarse»

Si queréis conocer más sobre las Sondas Voyager y los discos dorados, aquí tenéis la página oficial de NASA: https://goldenrecord.org/#universum

¡Hasta la próxima!

Sofía López
Sofía López
Historiadora del arte

Sofía López es Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Málaga, actualmente finalizando sus estudios de máster en Museología y Estudios de Museos. Desde siempre la astronomía ha sido una de sus grandes pasiones, que a través del Space Art y de la tradición de ilustraciones astronómicas que se extiende a lo largo de la historia, encuentra el perfecto punto de unión entre ambas disciplinas. En 2016 colaboró con el SACI College of Art & Design Florence en el simposio From Galileo to Mars organizado con NASA, y al año siguiente publicó un artículo para la revista Descubrir la Historia, y más recientemente otro para Astronomía Magazine. En el ámbito cultural malagueño, ha dado varias conferencias tanto para la Facultad de Filosofía y Letras como para la Sociedad Malagueña de Astronomía. Ha trabajado en el Centre Pompidou Málaga y en la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo/Málaga.

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