ASTROARTE

El Arte y la Astronomía

En esta sección la historiadora del arte Sofía López nos guiará semanalmente a través de la historia, el arte y su relación con la astronomía.

Ludek Pesek – El visionario artista espacial europeo

Ron Miller –Arte espacial en el XXI

Arte en los confines del Sistema Solar

EL ARTE ESPACIAL SOVIÉTICO

“Podemos llamar a Sokolov el deán del arte espacial Soviético”

Andrei Sokolov [Андрей Константинович Соколов] nació en 1931 en Leningrado, actual San Petersburgo. Estudió arquitectura en el МАРХИ (Instituto de Arquitectura de Moscú) y ya con 24 años colaboró con sus ilustraciones en diferentes exposiciones, la mayoría sobre ciencia ficción. Desde la infancia, a Sokolov le había fascinado Konstantin Tsiolkovsky, padre de la cosmonáutica, pero también la literatura de ciencia ficción, sobre todo autores como Aleksandr Beliáyev, Julio Verne e incluso Ray Bradbury. Era tal su admiración por la obra de Bradbury, que una de sus primeras series de ilustraciones será sobre Fahrenheit 451 a principios de la década de los 50.

En 1957 tras vivir el lanzamiento del Sputnik, pasa a dedicarse por completo a la representación de la carrera espacial.

1. Sputnik C3

Durante la Revolución rusa se acordó poner todas las artes al servicio de la Unión de Artistas de la URSS, por lo que todos los artistas tenían que pertenecer a ella. Todo este engranaje se subdividía en diferentes comités temáticos, siendo uno de ellos el de Ciencia y Cosmos, del cual Sokolov fue presidente. Dentro de este comité encontramos no solo retratos de cosmonautas y científicos, sino visiones de la Luna, Venus, Marte, incluso planetas más allá del sistema solar. Estas obras además entraban en la categoría de arte figurativo por lo que se les realizaban encargos a este comité que podían acabar en museos estatales, mosaicos o esculturas en lugares públicos. Parte de esta obra formó parte de numerosas exposiciones tanto en la Unión Soviética como en Estados Unidos, Alemania, Holanda y Japón. La obra de Sokolov en concreto ilustra multitud de libros, revistas, pósteres, sellos y postales.

2. Future cosmonauts observe a solar eclipse from the Moon, imagined in Soviet #space art by Andrei Sokolov, printed on a 1965 postcard C3

Sokolov se convirtió en la envidia de otros muchos artistas al trabajar muy de cerca con multitud de cosmonautas durante los inicios de los vuelos orbitales. Su ayuda era de vital importancia, dado que, en una época todavía previa a los satélites, ayudaba junto con los cosmonautas a terminar de cartografiar la tierra antes de la llegada de la fotografía a gran altura y definición.

En palabras de Sokolov:

“Los sueños siempre han hecho avanzar a la realidad. Creo que en el punto donde la ciencia y el arte se unen encontramos el verdadero significado científico y artístico de la percepción del mundo. Este punto de encuentro desarrollará la habilidad de la humanidad para ver lo invisible, comprender lo incomprensible y para soñar, consiguiendo así adelantar la realidad”

3. Postal Sokolov C3

Fue tal la fama que alcanzó Sokolov como ilustrador que el famoso escritor Ivan Efremov le dedicó un relato llamado «Cinco pinturas» (que podéis leer aquí). Para hacer más evidente el peso que tuvo en la literatura, el célebre libro «Las fuentes del Paraíso» de Arthur C. Clarke tiene su origen en unas conversaciones entre Sokolov y el autor sobre el concepto de un ascensor espacial, como vemos en parte de las memorias de Clarke (aquí el extracto). Sokolov también había tanteado esta idea en algunas ilustraciones que realizó para el libro que publicó en 1967 con Alexei Leonov.

Leonov ha sido el primer astronauta/artista que viajó con lápices y papel en sus misiones. Ambos desarrollaron una gran amistad que los llevó a realizar multitud de ilustraciones y a publicar diferentes libros, siendo el más conocido «Las estrellas nos esperan» publicado en 1967 donde además de increíbles ilustraciones, encontramos el texto del prólogo firmado por Yuri Gagarin.

Acercándonos más a Estados Unidos, cuando Leonov vió en 1969 el filme 2001: Odisea en el espacio le comentó al autor, Arthur C. Clarke que la alineación de la Luna, la Tierra y el Sol que sale justo al inicio de la película es idéntica a una pintura suya. La única diferencia era el encuadre algo más diagonal de la pintura de Leonov. Clarke tuvo en la pared de su oficina un boceto firmado de esta pintura que Leónov le hizo después de la proyección.

Sokolov y Leonov, junto a muchos otros artistas del momento, realizaron una grandísima labor de divulgación del arte espacial y la exploración espacial tanto dentro como fuera de la Unión Soviética. Y les debemos gran parte del imaginario de ciencia ficción con el que contamos hoy día y el que nos queda por descubrir, así que, en palabras de Gagarin, Поехали! (Poyejali!)

CHESLEY BONESTELL - EL PADRE DEL ARTE ESPACIAL

Conocido como el padre del Space Art, nació en 1888 en San Francisco. Desde muy temprana edad afloran sus intereses tanto por la astronomía como por el dibujo y tales eran sus dotes que al cumplir los 12 años la cantidad de concursos ganados le permitieron recibir una educación artística específica. La astronomía quedó relegada en esta etapa de su vida, pero cuando el joven Bonestell terminaba el instituto se vio muy marcado por un evento que nos resume:

“Cuando tenía 17 años se produjo un acontecimiento importante que determinaría el futuro de mi carrera, a pesar de lo poco que lo sospeché entonces. Había estado ilustrando cordales en Sunset Magazine […] y me pagaban en pases de ferrocarril, y un día un amigo y yo cogimos un tren a San José y caminamos unas 26 millas hasta la cima del Monte Hamilton y el Observatorio Lick. Esa noche vi por primera vez la Luna a través de un telescopio refractor de 36 pulgadas, pero lo más impresionante y hermoso fue ver Saturno a través del refractor de 12 pulgadas. Tan pronto como llegué a casa tuve que pintar Saturno”.

La astronomía y la necesidad de representarla vuelven a su vida. Por desgracia estos dibujos, como todas las obras realizadas por él hasta el momento, se perdieron en el incendio y terremoto que azotaron San Francisco en 1906. Presionado por su padre, comenzó la carrera de arquitectura en la universidad de Columbia en Nueva York, pero no la terminó. Comenzó a trabajar como arquitecto para el prestigioso estudio de Willis Polk en San Francisco, realizando allí edificios como el Hobart, el Golden Gate o la famosa 17-Mile-Drive, además de una serie de diseños y reorganizaciones urbanísticas para la Exposición Universal de San Francisco en 1915. Bonestell se movió por diferentes firmas arquitectónicas hasta que en 1922 se trasladó a Londres para trabajar en el Illustrated London News, periódico en el que había trabajado el también ilustrador y astrónomo Scriven Bolton (de quien ya hemos hablado en AstroArte).

No será hasta 1938 que veamos un cambio drástico, pasando a ser pintor mate para producciones hollywoodienses entre las que destacan Sólo los ángeles tienen alas (Howard Hawks, 1939), Ciudadano Kane (Orson Wells, 1941) o La Guerra de los Mundos (Byron Haskin, 1953). Su dominio de la perspectiva y las técnicas utilizadas en el matte painting volvieron a traer la astronomía a su vida:

“A medida que mis conocimientos de los aspectos técnicos de la industria del cine se ampliaron me di cuenta de que podía utilizar ángulos de cámara tal como se utilizaban en las películas para ilustrar “viajes” de satélite a satélite, mostrando Saturno exactamente como se vería, y al mismo tiempo podría hacerlo más interesante al mostrar los satélites interiores o los exteriores en el lado lejano de Saturno, así como al propio planeta en diferentes fases”.

Realizó una serie de ilustraciones de Saturno visto desde 5 de sus 62 satélites (Mimas, Dione, Titán, Jápeto y Febe) que publicaría en la revista Life a finales de Mayo de 1944 (véase – “The Solar System” en Life, vol.16, nº22, 29 May 1944, pp. 78–89). La vista de Saturno desde Titán acabaría convirtiéndose en todo un icono del arte espacial, viéndose reproducido en multitud de tebeos de la época y erigiéndose como el ejemplo de paisaje épico e inhóspito que otros muchos artistas espaciales se lanzaran a seguir.

Investigadores y científicos se mostraron fascinados por su trabajo. Carl Sagan dijo “No sabía cómo se veían otros mundos hasta que vi las pinturas de Bonestell del Sistema Solar”. Realizó desde entonces tal cantidad de ilustraciones que en 1949 publicó un libro, The Conquest of Space, con 58 obras y texto de Willy Ley. El realismo de estas imágenes inspiró a muchos a creer en los viajes al espacio como algo muy viable a no tan largo plazo. Personajes como Harry Stine, ingeniero y creador de las maquetas de cohetes, cambió de carrera en la universidad pasando de cursar psicología a física tras descubrir la obra de Bonestell: “Chesley Bonestell no solo cambió mi vida, sino que motivó a varias generaciones a empezar la carrera hacia la libertad entre las estrellas”.

Uno de sus libros a destacar fue con su gran amigo el autor Arthur C. Clarke, Beyond Jupiter, publicado en 1972. El libro guiaba a los lectores por los confines del Sistema Solar como un grand tour. Como dice Melvin Schuetz, su biógrafo:

Bonestell había viajado al espacio antes que todos los demás – y se llevó su pincel consigo. Orbitó la Tierra antes de Gagarin y Glenn, dejó sus huellas en la polvorienta superficie lunar antes de Neil Armstrong, vio una puesta de sol marciana antes de que las sondas Viking aterrizaran allí, y exploró Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno antes de que las Voyager visitasen los gigantes gaseosos.

Este recorrido ocurriría finalmente años después de sus ilustraciones, con el viaje de las sondas Voyager, que sobrevolaron Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno en la década de 1980 para luego perderse en el espacio interestelar.

Su carrera evolucionó hacia una pintura que incluía cohetes, bases lunares y comenzó a forjar la imagen del turismo espacial alejándose de aquellos desolados paisajes desérticos e inhabitados. Nos sorprende descubrir que no era nada partidario de ser llamado artista de ciencia ficción y era tal la aversión que sentía que guardaba el premio Hugo que recibió en el año 1974 en el baño. Tras su muerte en 1986, el asteroide (3129)1979 MK2 pasó a llamarse “Bonestell”, en palabras de Carl Sagan “Es lógico que le devolvamos un mundo a Bonestell ya que él nos ha dado tantos”.


Bibliografía recomendada

 

LEY, W., The Conquest of Space, NY, Viking Press, 1949

MILLER, R., The Art of Space: The History of Space Art, from the Earliest Visions to the Graphics of the Modern Era, Minneapolis, Zenith Press, 2014

SCHUETZ, M., A Chesley Bonestell Space Art Chronology, Florida, Universal Publishers, 1999

LOS PIONEROS DEL SPACE ART - LUCIEN RUDAUX, SCRIVEN BOLTON

Lucien Rudaux (1874 – 1947) apodado “el abuelo del arte espacial” se unió a la sociedad astronómica francesa con 18 años en 1892, donde colaboró con ilustraciones y observaciones en el boletín que se publicó entre 1892 y 1914. Aunque es más conocido hoy día por su faceta de astrónomo, su labor más destacada y cuantiosa la vemos en las muchas publicaciones que no sólo escribió, sino que ilustró entre los años 20 y 30, que fueron traducidas y publicadas por todo el mundo. De entre sus libros el más destacado será el enciclopédico Sur les Autres Mondes (En Otros Mundos,1937), donde vemos más de 400 ilustraciones. Nunca antes ningún lector había contado con un manual tan exhaustivo en su representación del Sistema Solar.

Sus ilustraciones de la Luna nos llaman la atención, pues mientras que muchos artistas la representaban como un lugar anguloso, afilado y poco erosionado, Rudaux presenta elevaciones suaves, paisajes sin obstáculos más allá de algunos cráteres como los que se encontrarían en las misiones Apolo casi 30 años después. Pero este realismo científico se volvió en su contra a la hora de erigirlo como un icono, pues la tipología de una superficie extremadamente rocosa, más llamativa y fantasiosa, contaba con el favor del público. Como indica Melvin Schuetz “Eran las montañas que la Luna debía tener. Los paisajes lunares de Rudaux eran científicamente más correctos, pero por desgracia eran tan aburridos como la propia Luna acabó siendo”.  Esta tipología se mantendría en toda la era del arte espacial previo a las misiones Apolo, incluyendo el de Chesley Bonestell (quien sí se vería catapultado a la fama por sus ilustraciones mucho menos fieles a la realidad, pero mucho más espectaculares).

La trayectoria de Rudaux no cesó aquí: en su representación del resto del Sistema Solar encontramos un Marte colmado de tormentas, con cañones y llanuras anaranjadas, y un Venus erosionado, como si de una ardiente bola de arena se tratase. Veremos además diferentes vistas de Saturno y sus anillos desde algún satélite cercano. El trabajo de Rudaux no se limitó al Sistema Solar y encontraremos ilustraciones que nos muestran paisajes de planetas lejanos orbitando estrellas binarias, donde todos los elementos cuentan con dos sombras.

Otro pionero en el arte espacial será Scriven Bolton. Nacido en 1888, trabajó durante más de 15 años en la revista Illustrated London News publicando e ilustrando artículos astronómicos. Estos artículos se difundirían en revistas y periódicos norteamericanos, dándolos a conocer por todo el planeta. Bolton, a diferencia de Rudaux, continúa presentándonos paisajes arduos y rocosos en la Luna, perpetuando la idea de entorno inexplorado. Una peculiaridad de parte de la obra de Bolton reside en el método que desarrolló, en palabras de Clive Davenhall:

“Bolton desarrolló un método eficaz para producir paisajes lunares realistas que implicaban hacer un modelo de la superficie en plastilina o material similar, fotografiarlo y luego pintar sobre la fotografía. Este enfoque fue un desarrollo de la técnica de modelar la superficie lunar y fotografiarla bajo luz oblicua”.

Por otra parte, sus ilustraciones de Saturno no difieren demasiado de las fotografías de la sonda Cassini-Huygens y en las de Marte nos sorprende encontrar los polos helados del planeta.  Bolton falleció pocas semanas antes de cumplir 40 años así que su producción artística será muy extensa, pero fue clave para comenzar a definir y explorar lo que acabaría siendo el arte espacial.

LOS CANALES DE MARTE

En palabras del escritor Paul Raeburn, «Marte mantuvo un dominio inquebrantable en la imaginación humana durante miles de años. Mientras los antiguos astrónomos observaban cómo las estrellas se extendían majestuosamente en la oscura bóveda celeste, centraron su atención en un extraño objeto rojizo que no seguía las leyes de los cielos. Casi todas las estrellas parecían moverse a lo largo del mismo arco, pero Marte era una de las pocas estrellas que no seguían la trayectoria adecuada. Los griegos llamaban a estos objetos πλανήτης (planētēs), que significa «errantes»».

La relevancia de Marte en la cultura es innegable, y dado todo el simbolismo que encierra – su nombre, Marte, por el dios romano de la Guerra, su color – le otorgan un magnetismo que atrapa a los astrónomos. En la astronomía de la antigüedad, como hemos visto más arriba, era evidente que la órbita y la trayectoria de ese pequeño punto rojo no era como los demás errantes. Habrá que esperar a las observaciones de los astrónomos del siglo XVII para comenzar a definir la superficie del planeta, pero no será hasta a mediados del XIX cuando encontrarán algo que cambiará por completo nuestra imagen del planeta.

En 1877 el célebre astrónomo Giovanni Schiaparelli se encontraba analizando Marte cuando observó sobre la superficie una serie de manchas que se extendían como canales. Dado que eran visibles desde la Tierra, Schiaparelli dijo lo siguiente:

«Más que verdaderos canales […] debemos imaginar depresiones del suelo no muy profundas, extendiéndose en dirección rectilínea por miles de kilómetros.  […] Ya he señalado una vez más que, de no existir lluvia en Marte, estos canales son probablemente el principal mecanismo mediante el cual el agua (y con él la vida orgánica) puede extenderse sobre la superficie seca del planeta».

Las ilustraciones de Schiaparelli sobre los canales de Marte son, cuanto menos, llamativas y sirvieron para despertar la curiosidad de muchos más astrónomos. Así, unos años más tarde, nos encontraremos que ahora se pasará a representar a Marte con estos canales, como veremos en las obras de Camille Flammarion y Percival Lowell. Este último astrónomo americano afirmaba que los canales habían sido construidos por seres inteligentes para transportar la poca agua que parecía haber en la superficie del planeta.

Arriba vemos una ilustración de Lowell, donde nos presenta un paisaje ideal de ese Marte repleto de canales, y a la derecha una portada del periódico World Magazine de julio de 1906 con el titular «Los científicos saben que hay gente sedienta en Marte”. En el artículo leemos «Conseguir suministro de agua es el gran problema del planeta moribundo. Los marcianos han dominado el arte de conducir el agua cuesta arriba. La gente es probablemente superior que los habitantes de la tierra».

Tal fue el revuelo que generó este “descubrimiento” de un Marte con una civilización con una capacidad de ingeniería abrumadora que la ciencia ficción de la época volvió a poner sus ojos en el planeta con las series de libros de Edgar Rice Burroughs, Camille Flammarion, Julio Verne o H.G.Wells. A lo largo del siglo XIX y principios del XX, los artistas también se lanzarán a representar esta redescubierta superficie con ilustraciones que incluirán algo de vegetación a orillas de estos canales, como serán algunas obras de David Hardy y Chesley Bonestell, considerado el padre del arte espacial.

Más cercano en el tiempo, en el año 2000, NASA le encargará al artista Pat Rawlings una serie de ilustraciones de una imaginada misión en la superficie de Marte, donde encontramos una obra llamada “Tesoro” en la que unos intrépidos astronautas encuentran un copioso manantial de agua en la superficie del planeta rojo. En la actualidad, gracias a todos los rovers que exploran Marte más las redes de satélites que lo orbitan, sabemos que estos canales no son artificiales y que no cuentan con vegetación, pero el planeta rojo sigue escondiendo muchos misterios que próximamente resolveremos.

LOS SECRETOS DE SATURNO

La astronomía acompañaba a los seres humanos mucho antes de la invención del telescopio, pero su aparición hizo temblar los cimientos de todo lo conocido. Cuando en 1609 Galileo Galilei se lanza a contemplar los cielos con ayuda de su telescopio de 8 aumentos, observó que varios cuerpos de nuestro sistema solar escondían algunos secretos que, aunque siempre habían estado a simple vista, ahora tocaba resolver. Uno de estos elementos se le resistió especialmente, los anillos de Saturno.

Galileo, además de gran astrónomo, era un excelente ilustrador que recopiló sus observaciones, como los cráteres de la Luna, las fases de Venus y los planetas mediceos (Io, Europa, Calisto y Ganímedes). Aun así, las ilustraciones que nos llaman más la atención son las que nos presentan a un Saturno bastante peculiar. En una carta enviada al secretario de Estado del Gran Ducado de Toscana, Belisario Vinta, Galileo le informa de que, basándose en sus últimas observaciones, Saturno está formado por un cuerpo central de mayor tamaño y dos cuerpos de menor tamaño que no se separan de él, como si de unas orejas se tratasen. La carta, actualmente en la Biblioteca Nacional Central de Florencia, contiene una pequeña ilustración que realiza Galileo.

En la imagen se lee «… Saturno no es una sola estrella, sino que está compuesta por tres cuerpos, que casi se tocan entre sí, y no cambian ni se mueven entre sí, y están dispuestos en una fila a lo largo del zodiaco, y el central es tres veces más grande que los otros dos lados y están dispuestos en esta forma ○O○… «

En 1612 estos dos cuerpos que acompañaban a Saturno desaparecen, dado que el anillo estaba posicionado de tal forma que era invisible desde la Tierra, lo cual desconcierta a Galileo. Aun así, se atreve a predecir que estos objetos volverán a ser visibles (lo cual se cumple) y en 1616 añade sin comentario alguno una ilustración a su obra El ensayador de un Saturno ahora con algo que se asemeja más a unos anillos que a unos pequeños planetas.

Habrá que esperar al astrónomo Christiaan Huygens. Él y su hermano Constantijn construyeron en 1655 un telescopio de unos 50 aumentos y tras varios años de observaciones del planeta, confirma la existencia del anillo. En 1659 publica “Systema Saturnium” o El sistema de Saturno, una obra repleta de ilustraciones de Saturno, pero donde destacan una recopilación de interpretaciones del planeta como se había entendido hasta ese momento y una representación de las diferentes vistas del planeta y sus anillos desde la Tierra, condicionadas por su órbita alrededor del Sol.

Tan solo unos años después, Robert Hooke realiza una ilustración sobre el planeta en el volumen XIV de Philosophical Transactions, (S. 242–245,) de la Royal Society publicado en 1666, donde vemos muy claramente un planeta con un anillo. Y en 1676 el astrónomo Giovanni Domenico Cassini publica en el volumen XI (S. 647–653) su descubrimiento de una división visible en el anillo, que pasa a ser considerado como varios anillos de Saturno. En las ilustraciones, reconocemos esta franja que actualmente lleva su nombre.

Años más tarde, la astrónoma Maria Clara Eimmart realiza más de 350 ilustraciones astronómicas entre 1693 y 1698, siendo una de ellas una visión más definitiva de Saturno junto a un recopilatorio de visiones anteriores. En 1711 el conde Luigi Marsili le encarga al artista Donato Creti una serie de obras sobre elementos del sistema solar para convencer a la Iglesia de la importancia de la astronomía. En esta serie de obras, encontramos una representación de Saturno en un lenguaje bastante clásico, pero con los anillos presentes.

Será ya partir del siglo XVIII y XIX que veremos la representación de Saturno y sus anillos completamente aceptada, además de incluir ya las divisiones de los anillos y las diferentes franjas de su superficie. Esto lo veremos en ilustraciones de George Morrell, Théophile Moreux o Étienne Léopold Trouvelot. La poca incertidumbre que quedaba se verá zanjado con las fotografías de las sondas Voyager 1 y 2, y de manera totalmente definitiva, con las imágenes que devolverá la sonda Cassini-Huygens.